sábado, 6 de marzo de 2010

Romanos 8 - más que vencedores

Texto: Romanos 8:18-39

Hola a todos. Como tal vez habrán notado al leer este capítulo, es uno de los más emocionantes, ya desde el comienzo. Todo el capítulo pareciera ser el desenlace de toda la reflexión anterior sobre la fe, la gracia y el amor. Por supuesto, la carta a los Romanos sigue, pero siendo que este es el capítulo central (por su posición y también por su importancia) prestemos especial atención a esta segunda parte. Desde la primera vez que hice esta reflexión, cada vez que leo este pasaje me siento tremendamente aliviado. Tiene un significado muy profundo y muy especial para todos los que conocemos y amamos a Dios. Veamos por qué.

Siguiendo con la idea que Pablo venía exponiendo, por medio del Espíritu de Cristo fuimos librados de la ley del pecado y convertidos en obedientes eternos. Fuimos librados de la condenación para siempre. Esto, como habrán notado, es retomado por Pablo al final del capítulo. Pero antes es importante resaltar algo. No somos los únicos que fuimos redimidos, es decir, librados del pecado y de sus consecuencias, por medio de Cristo. Como sabemos bien, por causa de nuestra desobediencia la creación entera padeció. Nuestra caida fue para la creación como una maldición (Génesis 3:17, "¡maldita será la tierra por tu culpa!"). Todo lo creado, por lo tanto, espera con ansias, como dice Pablo, a que sean revelados los hijos de Dios. ¿Por qué? Porque al vencer al pecado, Cristo restauró nada menos que... ¡a TODA la creación! Si por causa de nuestra desobediencia la creación fue frustrada, al ser convertidos en obedientes vamos a ser capaces de restaurarla. Y estos hijos de Dios, como vimos en la primera parte del capítulo, somos nosotros, los que vivimos conforme al Espíritu de Dios.

Ahora bien, al habitar en nuestro corazón, el Espíritu de Dios conoce perfectamente nuestras necesidades y debilidades. El Espíritu actúa entonces de embajador ante el trono de Dios. Cuando nosotros oramos, no sabemos qué es lo que necesitamos de verdad. Sólo una parte, que percibimos con nuestra mente. Pero el Espíritu conoce cuál es la voluntad de Dios, y por lo tanto lo que es bueno para nosotros. Y así, él intercede por nosotros ante Dios Padre para que tengamos siempre lo que necesitamos. Y esto es así porque Dios dispone TODAS las cosas para el bien de todos los que lo aman, y por lo tanto de sus hijos. Desde un principio, antes de crear el mundo, Dios nos conocía ya a cada uno de nosotros. Sabía que nos iba a crear, sabía qué problemas ibamos a tener, en qué males no nos iba a dejar ni siquiera asomarnos, cuáles iban a ser nuestras debilidades, y muchas cosas más sobre nosotros. Y entonces preparó para nosotros toda una red de eventos, toda una vida, para que anduvieramos en su camino. Así, de algún modo nos "predestinó" a que lo conociéramos. Y a esos a los que predestinó, como dice Pablo, los llamó. Y ese llamado es el que nosotros respondimos dejándolo entrar en nuestras vidas. Y entonces, los que respondimos a ese llamado somos glorificados por él, para que lleguemos a ser hermanos de Cristo, que fue el primogénito en todo.

Entonces, está muy claro que no elegimos nosotros a Dios, sino que fue él quien nos eligió. Jesús mismo se lo dijo a sus apóstoles (Juan 15:16). Y muchas veces me pasa de pensar en mí mismo y decir "pero... ¿cómo me puede haber elegido a mí? Justo a mí, que soy arrogante, que no sé hacer nada, que trato mal a la gente..." y muchas otras cosas que pensamos sobre nosotros mismos. Ahora bien, si él nos creo... ¿No cabría pensar que nos conoce mucho mejor que nosotros mismos? Entonces, él sabe por qué nos eligió a cada uno de nosotros. Y si él nos eligió, y ya vimos que al pasar de la muerte a la vida somos librados para siempre de la condenación, ¿qué cosa podría separarnos de él? A veces vivimos pensando que Dios nos va a castigar por tal o cual cosa, o tenemos miedo de que se enoje por algo que hicimos mal. ¿Es que no sabemos que él ve nuestra actitud? ¿Es que no nos acordamos de que él sabe que nuestro deseo es obedecerlo? Y por supuesto se da cuenta cuando estamos arrepentidos por algo. Pero lo que no nos damos cuenta es que él ya no nos encuentra culpables de nada, porque él mismo nos justificó por medio de Cristo.

Y es que él mismo está ahora de nuestra parte. Y siendo así, ¿quién puede hacernos frente? Nadie puede obstaculizarnos el camino, porque de lo que sea Dios mismo nos va a librar. Y si él mismo nos justificó, nos limpió de toda culpa, ¿quién nos puede acusar? Nosotros tenemos que saber, y estar seguros, de que en nada somos ya culpables, ya que nuestra actitud siempre es de obediencia. Si fallamos, es porque tropezamos, pero nunca porque seamos desobedientes. Y todavía más, ¿quién puede llegar a condenarnos? Sabemos que de nuestra maldad fuimos librados, pero igualmente librados fuimos de la condena, ¡porque Dios mismo pagó la condena por nosotros!

Y todo esto lleva a que se llene de sentido la pregunta que hace Pablo, "¿Quién nos apartara del amor de Cristo?" (8:35). Nunca voy a olvidarme lo que sentí la primera vez que leí ese pasaje. Fue como si Dios mismo me hubiera sentado frente a él, como un padre, y me hubiera dicho... "A mí no me importa nada, pero absolutamente NADA de lo que puedas haber hecho mal. Yo te voy a amar igual, no me importa si te sale o no tu intento de obedecerme, porque te amo porque yo mismo te hice y yo mismo te elegí, y porque sé que tu corazón está conmigo". Entonces, podemos ser atacados, heridos, podemos pasar hambre, podemos ser tentados, caer en esas tentaciones, o incluso podriamos morir. Pero nada de eso nos puede separar del amor de Dios, ese amor que como ya vimos nos mostró en su máxima expresión en la obra de Jesús. Nada, absolutamente nada nos puede separar del amor de Dios. Nunca más. Para siempre fuimos sellados por él y ahora le pertenecemos eternamente. Por eso, su amor es eterno. Y en este amor, si ni siquiera nos negó a su propio Hijo, sino que lo entregó para librarnos de nuestras ataduras de desobediencia y así salvarnos de la condenación, no nos va a negar ninguna otra cosa. Por lo tanto, en todo eso que nos puede llegar a atacar o afectar de algún modo, Dios nos ayuda a salir no vencedores, sino, en palabras del mismo Pablo, "más que vencedores" (8:37).

Una de las cosas que más me impacto de estos últimos versículos del capítulo 8, que además considero que son los centrales (del 35 al 39), fue que a Dios no le bastó con decirnos "nada los puede separar de mi amor", sino que detalló a qué se refería con "nada": "ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor" (8:38-39); como para evitar que nos quedara cualquier tipo de duda. Así que, si este capítulo de Romanos no alcanza para entender el amor de Dios, solamente queda pensar que no fue leido con suficiente profundidad.

Espero que esta reflexión haya podido ser de mucha bendición para ustedes, como lo fue para mí o incluso más. Es importante que tengamos la seguridad de que el amor de Dios verdaderamente permanece para siempre, porque a veces al hacer las cosas mal sentimos un dedo acusador que nos dice "¡culpable!", pero ese dedo no puede jamás ser de Dios. Porque Dios ya nos justificó. Y si Dios mismo nos justificó, nadie puede declararnos culpables. En línea con esto, y para terminar esta reflexión, vuelvo a citar el primer versículo, que ahora cobra un nuevo y profundo significado: "Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús".

Que el Espíritu de Cristo habite en sus corazones y les ayude a entender y confirmar que son hijos de Dios, y que por lo tanto ya no hay para ustedes ninguna condenación, porque por la gracia de Dios están unidos a Cristo Jesús para siempre. ¡AMÉN!

Hasta que volvamos a encontrarnos.

2 comentarios:

  1. Amén!
    muy lindo, muy profundo, pa!!!!
    realmente me impactó!
    te quieroo
    su

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  2. Wow! Un comentario en el blog! Jaja pudiste leer todo, desde el uno? Posta, leyendo todo desde el 1 de a poco es más impactante todavía porque vas viendo el hilo temático que va haciendo Pablo

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