miércoles, 13 de enero de 2010

Romanos 4 - el ejemplo de Abraham

Texto: Romanos 4:1-12

Hola a todos los lectores. Como les había dicho, tenía ya la reflexión sobre el capítulo 4 preparada para su publicación, así que solamente me quedaba darles un poco de tiempo para leer la publicación sobre el capítulo 3. Espero que hayan podido hacerlo, porque ahora empieza a ponerse cada vez más interesante la carta a los Romanos. En este capítulo, Pablo pone un ejemplo para demostrar lo dicho en el capítulo anterior. Quiero aclarar antes de seguir que tanto las cartas como los evangelios, como también los libros del antiguo testamento, no fueron divididos originalmente en capítulos, sino que se los dividió más tarde para facilitar las referencias (lo mismo se aplica a los versículos).

Para ejemplificar la justificación por fe, Pablo habla sobre un personaje muy conocido por todos, central en la historia del pueblo judío, que es Abraham. La historia entera se puede leer desde Génesis 11:27 a Génesis 25:11. Dios le había prometido a Abraham, cuando aún era joven, que le daría una tierra muy fértil si confiaba en él, y que haría de él una gran nación. Le había dicho que dejara su casa y se dirigiera hacia una tierra que él le mostraría. Abraham partió entonces sin saber ni siquiera a dónde se dirigía, y Dios le mostró la tierra que le daría, la cual pertenecía en ese entonces a los canaanitas. Durante toda su vida, Abraham confió en la promesa que Dios le había hecho. Más adelante, Dios le prometió que sería padre de una gran nación, aunque su esposa era estéril y el era ya muy anciano. También confió Abraham en esta promesa, aun cuando Dios no le había dado todavía la tierra de los canaanitas, ni se la daría sino a sus descendientes, cuatro generaciones después. Por supuesto, Abraham necesitaba saber que Dios cumpliría su promesa a sus descendientes, y entonces Dios hizo con él un pacto: le daría esa tierra a sus descendientes y a cambio ellos lo amarían y lo reconocerían como su Señor. Como señal del pacto, estableció la circuncisión.

Conociendo en forma muy resumida la historia de Abraham, se hace muchísimo más fácil entender en primer lugar por qué Pablo elige el ejemplo de Abraham, y en segundo lugar la pertinencia de lo que plantea. Empieza por decir que Dios no eligió a Abraham por obedecer la Ley sino por confiar en él. Abraham confiaba en las promesas de Dios, y como el Génesis dice, Dios lo considero justo por eso. La circuncisión fue tan sólo la señal del pacto, la firma, por así decirlo. La circuncisión, para los judíos, era una obligación, y por lo tanto parte de la Ley. Sin embargo, para Dios no era lo principal, porque primero vino la fe de Abraham, y después vino la circuncisión como una señal de esa fe. Abraham, por lo tanto, ni siquiera podía sentirse orgulloso de nada ante Dios. Porque Dios no lo consideraba justo porque fuera bueno, ni obediente, sino por confiar. Por otra parte no le daba la tierra a sus descendientes, ni un hijo a él y su esposa, como un premio por su buena conducta, sino que en primer lugar Dios le ofreció esas cosas y entonces Abraham lo aceptó. Dios prometió para que Abraham confiara. Fue Dios el que eligió a Abraham. Abraham no tenía entonces nada de que jactarse.

Una frase que quedó dando vueltas en mi mente después de leer este capítulo fue "cuando alguien trabaja, no se le toma en cuenta el salario como un favor sino como una deuda". El empleador efectivamente le debe ese dinero al trabajador, porque él hizo el trabajo. En cambio, Dios no le pagó a Abraham con la tierra prometida o con su hijo, sino que se los obsequió por haber confiado en él cuando en un principio se los ofreció. ¿No es lo mismo que hizo al regalarnos a Jesús? Prometió envíar al salvador, y una vez enviado consideró como justicia el creer en él, el confiar en que ese era el regalo de Dios. Cuando nosotros reconocemos a Jesús como el único camino en el que hay salvación, solamente estamos apropiándonos y confiando en las promesas de Dios. Ni siquiera merecemos ese regalo, porque si no fuera porque Dios nos mostró lo que hacíamos mal, no reconoceríamos nuestros errores o no nos importarían. Sin embargo, a los que creemos lo que nos dice sobre qué está bien y qué está mal, y creemos por consiguiente en que Jesús es el camino para hacer lo que está bien, Dios nos justifica por causa de nuestra confianza, es decir, nuestra fe. Tal y como hizo con Abraham.

Así, el que sabe que fue perdonado se siente feliz, porque sabe que aún sin que él hiciera nada para ser perdonado, sin que "trabajara" para recibir el perdón, su fe le es contada por justicia y recibe el perdón no como pago por sus obras, sino como regalo de Dios. Esto requiere por supuesto que seamos humildes ante él y reconozcamos que ni siquiera hicimos nada para merecer el perdón antes de aceptar a Dios. Al igual que Abraham, no tenemos nada de que estar orgullosos ante Dios, porque fue él quien nos regalo ese perdón. Pero la felicidad que nos llena cuando sabemos que fuimos salvados es la prueba de que realmente lo fuimos. Hoy nuestra señal no es la circuncisión, sino el bautismo. Pero como Pablo desarrolla en el capítulo 6, el bautismo no es sino eso, una señal de que confiamos en Dios, de que tenemos fe en que Jesús es nuestro salvador. Por eso, no por bautizarnos estamos salvados, sino que por estar salvados nos bautizamos.

Al igual que pasó con el capítulo 1, este capítulo decidí dividirlo en dos partes, más que nada por la extensión de la reflexión. Elegí dejarlo en este punto porque de algún modo es donde Pablo redondea el tema de cómo Abraham recibió la promesa de Dios. Antes de terminar quiero detenerme muy brevemente en el tema del bautismo, para hacer una aclaración sobre el bautismo de niños. Al igual que la promesa que Dios le hizo a Abraham, la cual pasaba a sus descendientes mediante la fe que se simbolizaba por la circuncisión, la promesa que Dios hizo en Jesús pasa a nosotros mediante la fe simbolizada en el bautismo. El bautismo de niños es entonces un compromiso de los padres ante Dios a hacer lo que esté a su alcance para que su hijo pueda conocer su fe y la promesa de Dios, y tenga la posibilidad de elegirla cuando sea mayor. El bautismo no salva al hijo, pero sí le da la posibilidad de ser salvo. Y en cualquier caso, tal vez la fe y el cumplimiento de su compromiso puede resultar en la justificación de su hijo. De todos modos, sobre esto Pablo se explaya en el capítulo 6.

Espero que les haya sido de gran bendición esta reflexión, y que hayan podido ver en el ejemplo de Abraham cómo es que recibimos la promesa de Dios a través de la fe. Que Dios les de la certeza y la felicidad de saber que ya fueron perdonados si es que creen en él, no por obras sino por fe, o los anime a creer si es que no lo hacen, para que puedan descubrir la alegría de saber que no importa si se equivocan o tropiezan, Dios los perdona por la fe, y no por las obras. ¡AMÉN!

Hasta que volvamos a encontrarnos.

3 comentarios:

  1. muy buen aporte, me sirvio mucho para un estudio que realizaba

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  2. entonces abraham.........creyo de la nada??? yque la creencias de abraham antes de que Dios lo escojiera???? enque creia antes

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  3. Muy buena pregunta! Antes de que Dios se le presentara, podría asumirse que Abraham (que era Abram) tenía digamos creencias "paganas", porque la biblia nos dice solamente que venía con su familia de Ur de los caldeos. Se había criado en el politeísmo caldeo, así que podemos suponer que esas eran sus creencias. El proceso interno que lo hizo creer en Dios no lo dice la biblia, pero está claro que en primer lugar lo conoció directamente... Dios se le apareció... o sea que para Abram lo difícil no fue tanto creer EN Dios, sino más bien creerle A Dios
    Espero haber respondido tu pregunta! Cualquier cosa, preguntá de nuevo o si te surgió alguna pregunta, con gusto intentaré contestarla :)

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